LA MÚSICA GRABADA EN EL MUNDO DEL COLECCIONISMO

 

C. A. Echeverri-Arias. Medellín de Aburrá, diciembre de 2017.

 

 

Se suele coleccionar todo aquello que tiene edad mayor, pero también lo que sin tener antigüedad, razones de peso convierten a cierto objeto o serie en algo único o raro: sea por su manufactura (defectos o virtudes), porque al fin y al cabo el inventario de obra del creador fue escaso, porque algunos de esos trabajos son “prueba” de autor, porque tiene firmas autógrafas, etcétera.

 

El vasto mundo del coleccionismo se puede dividir en dos grandes grupos, división que se hace con base en dos términos: Filia y Manía.

 

Para el caso particular de los discos estamos hablando de Disco-filia y Disco-manía. Vienen entonces las preguntas ¿qué es un Discófilo, qué es un discómano? Puesto que para cada uno hay matices y para cada matiz hay niveles, vamos a proponer una respuesta en términos generales:

  

Entendemos por Discófilo a toda aquella persona que tiene una afición especial por la música grabada. Puede ser coleccionista o no serlo. Si lo es, ante todo, debe ser una persona que sabe lo que tiene y sabe sobre lo que tiene. Sea decir, primero, es alguien ordenado aunque no necesariamente organizado, organización que también puede lograr; segundo, es alguien que se interesa en profundizar sobre lo que conoce de la música que posee. No sólo la oye, también la escucha. Ello lo lleva a que, desde diferentes ópticas y niveles, la analice, puede entonces interesarse en aprender sobre uno o varios aspectos de ella: el género de cada pieza, sus intérpretes, las manera como ha sido orquestada, sobre los instrumentos utilizados, los significados culturales de la pieza (su letra, su melodía), etcétera. 


Lo anterior es de utilidad práctica para cotejar varias versiones, pues muestra tendencias o cambios de diferente orden: en el texto de la letra, en el modo de orquestar, de impostar la voz o de combinarla en los grupos. Cambios por razón de la tecnología utilizada, por exigencia de la industria, por influjos puntuales, por las modas, u otras razones.

 

Pero, además un Discófilo que colecciona es alguien que se preocupa porque su conocimiento vaya más allá de los contenidos del disco: por ello se pregunta y pregunta, consulta, estudia, lee. Suele formar una biblio-hemeroteca. Algunos pueden interesarse en escribir acerca de sus experiencias en la materia o sobre aspectos particulares de la música que colecciona. Un Discófilo se distingue por procurar compartir lo que la música le suscita así como el entendimiento que se ha ido formando sobre ella. Igual permite que otros tengan acceso, con los debidos recaudos, a sus documentos.

 

 Para todo ello, procura hacerse a uno o varios equipos básicos para reproducir y/o grabar.

  

 En razón de lo heterogéneo de los géneros utilizados en los elepés y en buena parte de los sencillos, una colección de música se puede caracterizar, según el gusto y/o parecer de cada quien, de una manera o de varias combinadas: por intérprete, por compositor, por título de canción, por el sistema de grabación (acústica, mecánica), por el tipo de fonogramas (vocales, instrumentales), por el tipo de soporte, según el formato del disco, etcétera.


¿Y la cantidad? Depende: puede ser pequeña, mediana o grande. Si pequeña, digamos... de 100 a 500 ejemplares, siempre y cuando sea selecta: bien porque el número de las ediciones de la marca y/o sello fue limitado —ejemplos: los sellos independientes de  compositores como L. Bermúdez (“Lucho”), F. Galán (“Pachito”), Oriol Rangel (“Oriol”), Efraín Orozco (“Discos Orozco”), etc., o los discos-imagen del sello estadounidense Vogue— o porque el soporte es escaso o de difícil consecución (como los cilindros de Bettini o los discos de Berliner) o porque se basa en uno o pocos intérpretes o compositores cuyas discografías  son de difícil consecución o no fueron amplias (como la de los Hermanos Hernández, la de Alejandro “Alex” Tobar, etc.).

 

Un coleccionista no se hace de la noche a la mañana: ni por haber heredado una colección, ni porque se la regalan ni porque la compra.

 

Para llegar a ser un Discófilo-coleccionista no necesariamente hay que llegar a viejo: algunas personas a sus treinta años pueden haberse hecho a un significativo acopio de música y haber adquirido conocimiento amplio sobre la materia. Conocimiento que suele haber comenzado a cultivarse desde la adolescencia por vía de la familia u otros, y/o alimentado por cuenta propia en el teatro de la vida.

 

De todo lo anterior se puede, entonces, inferir a quiénes se les ha de considerar como discómanos. Sin entrar en detalles, el perfil del discómano tiene un común denominador: lo de conseguir música y objetos afines a ella es algo que se le vuelve un acto obsesivo-compulsivo. Trastorno que lo lleva sobre todo a acaparar, arrumar, embodegar... 

 

No todo el mundo es sólo Discófilo o sólo discómano. Todos, de distinta manera y en diferentes proporciones, tienen ambas características. Predomina la Manía sobre la Filia: lo recomendable es que fuese al revés. ¿En qué proporción? Cualquiera sea la situación actual, y la respuesta, ello tiene que ver con el sentido y proyecto de vida de cada quien. Aspectos esos que, en definitiva, prefiguran la suerte que tendrán sus discos.

 

 Por ello, una doble pregunta que cada uno debería hacerse y que sólo su persona sabrá responder: ¿si en vida, o al  morir, a dónde y cómo quiero que vaya a dar todo esto que he logrado reunir fruto de tanto esfuerzo?  

 

Y, en caso de que lo haya considerado, de pertinencia decirle a quien corresponda: ¿lo tiene ya estipulado por escrito y, sobre todo, lo ha protocolizado?

 

Como paradigma, un caso especial en Ibero-América: Cristóbal Díaz-Ayala.


NOTAS

 

1. Este artículo fue leído el 30 de noviembre del 2017 en el marco de la Alborada Navideña celebrada en el Parque Lineal La Heliodora  del Municipio de Envigado. Evento que tuvo como acto central la celebración de "El Día del Coleccionista", el cual cada año organiza en esa localidad la Corporación de Coleccionistas de Música "Daniel Uribe Uribe" para honrar la memoria de Hernán Restrepo Duque.  El actual presidente de esa Corporación, señor Sergio Quiróz Ochoa, nos invitó a participar con un texto.

 

2. Los marbetes que ilustran el presente artículo provienen de las colecciones de discos de:

Carlos Mario Restrepo Correa ("La Cabaña del Recuerdo" - Envigado): sellos Pachito, Efrain Orozco, Oriol;

Sergio Quiróz Ochoa (Envigado): sellos Victoria, Girardot, Fuentes;

Plinio Guzmán Alandete (+):  sello Lucho;

José Portaccio Fontalvo:  acetato  Soundcraft;

Fonoteca Departamental "Hernán Restrepo Duque":  acetato "Nuevo Mundo";

Cristóbal Díaz-Ayala (FIU): sello Ansonia.

UN SAXOFÓN DISTINTO

 

La Asociación de Amigos, Coleccionistas y Melómanos de Cali - ACME -, no podía dejar pasar desapercibida la noticia acaecida el pasado viernes 23 de septiembre, la muerte en La Habana del erudito musicologo cubano Leonardo Acosta, pionero del Jazz Latino y cultor del Be-Bop, queremos brindarle un merecido homenaje a través de nuestra tribuna cultural con una breve pero justa reseña, su obra escrita engrandece el panorama de la música popular.

 

LEONARDO ACOSTA SÁNCHEZ

 

El maestro Leonardo Acosta nació en La Habana, el 25 de agosto de 1933 y falleció en la misma ciudad el 23 de septiembre de 2016.  Estudió solfeo con la profesora Sara Rodríguez Baz, hizo estudios de trompeta con Pedro Mercado y saxofón con José Raphel, también hizo cursos de armonía, formas musicales y composición con los maestros Leo Bower y Federico Smith y con Frank Emilio logró apropiarse de la armonía e improvisación en el jazz.

 

Entre 1949 y 1958, trabajó como saxofonista en las orquestas Havana Melody, Cubamar, Riverside, Banda Gigante de Benny Moré, Rey Díaz Calvet y fue suplente de los saxofonistas Lito Rivero y Emilio Peñalver en la orquesta del maestro Julio Gutiérrez, también participó en la orquesta del venezolano Aldemaro Romero en 1956 y en la de Rafael Somavilla en el Cabaret Bambú.

 

En 1955 viaja a New York, en donde se impregna del sonido de las orquestas de Count Basie, Stan Kenton, Dizzy Gillespie, Stan Getz, Miles Davis y otros.

 

Inauguró en 1958 el Club Cubano de Jazz, con un cuarteto integrado por Papito Hernández en el contrabajo, Walfredo de los reyes en la batería, Frank Emilio en el piano y Leonardo Acosta en el saxofón alto.

  

En la década de los 70’s, hizo la partitura para la cinta del ICAIC “Prisioneros Desaparecidos”, una coproducción cubano – chilena, dirigida por Sergio de Castilla, participó como fundador del Grupo de Experimentación Sonora entre 1969 y 1972.

Leonardo Acosta en la Banda Gigante de Benny Moré.
Leonardo Acosta en la Banda Gigante de Benny Moré.
Cristóbal Díaz Ayala, Leonardo Acosta y Helio Orovio.
Cristóbal Díaz Ayala, Leonardo Acosta y Helio Orovio.

Walfredo de los Reyes - batería, Pedro Chao - saxo tenor, Cachaito López - contrabajo, Leonardo Acosta - saxo alto y Frank Emilio Flynn - piano.  La Habana - 1955.
Walfredo de los Reyes - batería, Pedro Chao - saxo tenor, Cachaito López - contrabajo, Leonardo Acosta - saxo alto y Frank Emilio Flynn - piano. La Habana - 1955.

FOTO: Descarga de jazz en el Night Club Las Vegas de La Habana en 1955.

 

INVESTIGADOR MUSICAL

 

Como musicólogo, trabajó en asuntos candentes de la música cubana, con obras como “Del tambor al sintetizador” (1983), “Elige tú que canto yo” (1992), “Raíces del Jazz Latino, un siglo de jazz en Cuba” (2001) y “Otra Visión de la Música Popular Cubana” (2002), en toda su obra plantea otros puntos de vista y desenmascara mitos con sólidas bases teóricas, lo que conlleva a generar sanas controversias que han contribuido a enriquecer la visión que se tenía de la música popular cubana.

 

Escritor, músico, musicólogo, periodista, poeta, narrador, en el 2007 fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura y en el 2014 con el Premio Nacional de la Música, en ambos casos por su obra de toda una vida.

 

El profesor Leonardo Acosta fue un quijote con ideas de avanzada, se atrevió como ninguno a cuestionar mitos de la música cubana, fue un constante renovador que combinó su fuerte formación teórica con su calidad de músico, con lo que logró posicionar sus puntos de vista de forma sólida, que a pesar de las controversias, se mantienen incólumes, en resumen nos dio otra visión novedosa de la música popular, impregnada de su audacia y originalidad.

 

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